jueves 15 de mayo de 2008

La Búsqueda del Tesoro

*L*** y mi Esposo dejaron la Escritura de la propiedad en una oficina que les indicó il Consiglieri. Allí nos recibió A*****, mano derecha de ****ián, abogado de origen armenio que parece que es el que maneja la batuta. Si bien al principio il Consiglieri nos adelantó que eran socios, ***ián después lo desmintió, pero admitió que si bien tienen negocios en común, no los comparten todos.
A***** es una señora -bastante- grande. Debe tener por lo menos cincuenta y cinco años pero de una parece diez más. Muy a su pesar. Siempre está muy arreglada, fina, con alguna cirugía -nariz confirmadísimo- que no logra disimular que para ella el paso del tiempo es un conflicto a flor de piel. Es, además, atropelladora, vehemente, habla a los gritos, en fin, es difícil acostumbrarse a su energía.
Cuando fuimos con mi Esposo a entregar el comprobante de la agrimensura, nos quedamos estupefactos ante su
- Noooooooooo, pero esto no eeeeeess... ¡Otra cosa te tiene que dar el agrimensor! ¡El formulario 901!- ¿Perdón? El agrimensor nos dio esto, nada más.
- Síiiiiiiii, querida, pero esto noooooooooooo es. Con esto te tiene que dar el formulario 901 que es lo que yo presento en la municipalidad, sino, nooooooooooo me sirve.
- Uf. ¿Y cuánto tiempo es desde que te lo traigo hasta la firma? Il Consiglieri nos dijo que en dos días estábamos firmando.
- Nooooooooooooooooo queridoooooooo - ay, es exasperante cómo grita y estira las vocales - esto yo lo presento en la municipalidad para que me den el libre deuda y dentro de dos semanas me llega el informe de ellos, así que mínimo, dos semanas más van a tener que esperar.


Salimos desconsolados. Descorazonados. Desahuciados.

Como era de esperar, exigimos explicaciones. ****ián, que parece ya acostumbrado a los exabruptos entusiastas de su colaborador, nos recibió -varias veces- y -cada vez- desmentía delante de nosotros las promesas de Il Consiglieri de concretar la operación de la hipoteca al día siguiente.
Fueron largos días de desesperación e intrigas. Tampoco nosotros sabíamos a ciencia cierta quiénes eran los de la financiera, y si no nos estaban timando a todos en este país en que la estafa es moneda corriente.
Todos los días llamábamos por teléfono a la escribanía para consultar si habían llegado los certificados de inhibición y dominio. Para calmar las aguas, les entregaron a mi Esposo y a *L*** varios adelantos, que terminaron de convencer a *L*** de llevar a cabo la gestión.
Nada fue sencillo. *L*** es una mujer normal, inteligente, pero pobre. No es de suponer que sea la dueña de una propiedad como ésa, valuada en U$S 350.000. Quien posee una propiedad de esa envergadura, en Provincia de Buenos Aires, como para ir a pasar el fin de semana, seguro tiene en la Capital otra casa o departamento de su propiedad como para vivir diariamente. Y auto. Y celular de los últimos, ropa de primera, la manicure a la francesita, qué se yo.
Hubo - por fin - un día en que ya no había más certificaciones que esperar. Festejamos, nos abrazamos, suspiramos de alivio. ***ián nos llamó para conocer al inversor y ultimar los detalles de la operación.
El Dr. De Santis nos esperaba en la oficina de ***ián. Desde el primer momento, el Dr. De Santis me cae mal. Sin embargo, al mismo tiempo me provoca una fascinación morbosa porque me parece que es una persona muy inteligente y preparada en el aspecto legal. Debíamos - los tres - timar a un timador; lograr que un abogado, usurero y cincuentón nos creyera a nosotros, que desde el vamos, pusimos sobre la mesa una mentira atrás de otra.
De Santis
- ¿Se pidió un certificado de inhibición y dominio de esta propiedad anteriormente?

Esposo

- No.

Ámbar

- Sí. - Lo miró con ganas de matarlo - Fue en octubre, cuando *L*** tuvo una oferta para comprar, pero al final le ofrecieron muy poca plata.

De Santis

- ¿Cuánto?

Ámbar

- 200.000

De Santis

- ¿Y cuánto la pagaste?

*L***

- Eehh...

Ámbar

- ¿220 fue?

Esposo

- ¿O 225?

*L***

- Este... 225, sí, me parece...


Uf. Preguntitas como aquélla hizo a rabiar. Nos preguntó dónde vivíamos y si éramos propietarios, que trajéramos los títulos en ese caso. Quería saber todo. De qué trabajábamos los tres, direcciones, teléfonos, parecía de la CIA.
Finalmente, se debe haber convencido de que éramos inofensivos, porque adelante nuestro llamó por teléfono al Banco de su confianza y reservó un salón para el día siguiente. Eso sí: no disponía del total que habíamos solicitado.
Pero al día siguiente nos iban a entregar cincuenta mil dólares, verdes, olorosos, espléndidos, uno sobre el otro, recién salidos de la bóveda del banco.


2 comentarios:

Carolina dijo...

Gracias por el comentario que me dejaste. La verdad es que hace rato entré a tu blog, simplemente porque me dio curiosidad el nombre. Leí varias entradas y quedé gratamente sorprendida. A veces me cuelgo y no hago comentarios porque, como te imaginarás, acá en la oficina tengo que buscar el momento. Pero lo voy a hacer a medida que te voy siguiendo.

También me gustó mucho la estética del blog porque me parece que es consecuente con la historia oscura que transmite.

Con respecto al mío, reitero el agradecimiento por visitarlo y, como dato, te cuento que lo que a mí más me gustaría es que llegue a empleadas y secretarias que están es la misma situación. Así se pueden poner en común las experiencias y podemos canalizar lo que nos pasa en un espacio "inofensivo". Si conocés alguna, avisale.

Sabrina dijo...

Me encanta tu blog, estoy entrada en la historia. Me da mucha tristeza que sea real, por lo que L ha tenido que pasar. Muero por ver si el karma le dio lo que merecia al esposo la verdad.