Una mañana de domingo mientras pisaba fuerte el acelerador, el Gordo batió:
- ... y éstos le consiguieron una casa por cuarentamilpesho' a la *L*** y el marido...
Como estaba re loca mirando el paisaje estival del autódromo y el riachuelo, no objeté ninguna cosa en ese momento, pero paré la oreja, y lo que siguió me perturbó bastante.
- ... bueno y fuimo' a ve' la casa por afuera, ¿metené? Una casa liiiinda... graaande... ¿vite?
- Ay no.- Pensé yo. - Que si esto es lo que parece terminamos todos con el traje a rayas.
- ¿Y cómo es la mano? ¿Es por el vecino éste, tuyo, el de la municipalidad?
- Claro, son la' casa' eh... que el dueño se muere y no queda nadie, ¿metené?
- No, no, no, no, por favorrr - pero sí, lo estaba diciendo y con una naturalidad horrenda, incomprensible, infantil. Convencido por completo, en el estadio de boludez mental inicial típico del estafado. A todos nos pasó, obvio, lo de la estafa. En general, cuando algún otro nos dice algo, tendemos a creerle, a actuar de buena fe, ¿por qué desconfiar? El Gordo hablaba con vehemencia, loas del nabo que le estaba vendiendo una casa llena de gente que no le podía permitir visitar por dentro. Pobre Gordo, se comía todo el pescado podrido que le estaban dando. Y se lo estaba ofreciendo justamente a quienes menos nos convenía.
Mi Esposo, como es su hábil costumbre, lo dejaba explayarse sobre el tema, y así tantear hasta dónde había llegado todo esta situación a espaldas de nosotros dos. Al parecer ya se habían reunido, *L*** y el marido con los otros dos hombres con los que los había contactado el Gordo. Les habían hecho ver una linda casa, de reciente construcción, en una ochava, por fuera un poco abandonada y deslucida. A ellos les gustó y cerraron sin más en cuarenta mil pesos. Lo informal e irregular de la operación me daba escalofríos.
Al fin, no aguanté más e intervine:
- ¿Por que la casa no se puede ver por dentro? ¿No es gente de ellos la que está metida ahí?
- Este... Sí, pero bueno, parece que tuavía no les dijieron que se tienen que ir diaí... ¿vite?
- No sé, Gordo, y si les dan la plata y desaparecen, ¿Qué hacemos?
- Claro, Bicho - interrumpió la mujer de él - Si el tipo desaparece con la plata la vamos a tener que poner de nuestro bolsillo, mi amor.
Y como sé que **C** es una persona razonable me callé la boca antes que el Gordo se infartara, después de largarnos así nomás que *L*** y el marido ya les habían dado quince mil pesos de seña.
- ... y éstos le consiguieron una casa por cuarentamilpesho' a la *L*** y el marido...
Como estaba re loca mirando el paisaje estival del autódromo y el riachuelo, no objeté ninguna cosa en ese momento, pero paré la oreja, y lo que siguió me perturbó bastante.
- ... bueno y fuimo' a ve' la casa por afuera, ¿metené? Una casa liiiinda... graaande... ¿vite?
- Ay no.- Pensé yo. - Que si esto es lo que parece terminamos todos con el traje a rayas.
- ¿Y cómo es la mano? ¿Es por el vecino éste, tuyo, el de la municipalidad?
- Claro, son la' casa' eh... que el dueño se muere y no queda nadie, ¿metené?
- No, no, no, no, por favorrr - pero sí, lo estaba diciendo y con una naturalidad horrenda, incomprensible, infantil. Convencido por completo, en el estadio de boludez mental inicial típico del estafado. A todos nos pasó, obvio, lo de la estafa. En general, cuando algún otro nos dice algo, tendemos a creerle, a actuar de buena fe, ¿por qué desconfiar? El Gordo hablaba con vehemencia, loas del nabo que le estaba vendiendo una casa llena de gente que no le podía permitir visitar por dentro. Pobre Gordo, se comía todo el pescado podrido que le estaban dando. Y se lo estaba ofreciendo justamente a quienes menos nos convenía.
Mi Esposo, como es su hábil costumbre, lo dejaba explayarse sobre el tema, y así tantear hasta dónde había llegado todo esta situación a espaldas de nosotros dos. Al parecer ya se habían reunido, *L*** y el marido con los otros dos hombres con los que los había contactado el Gordo. Les habían hecho ver una linda casa, de reciente construcción, en una ochava, por fuera un poco abandonada y deslucida. A ellos les gustó y cerraron sin más en cuarenta mil pesos. Lo informal e irregular de la operación me daba escalofríos.
Al fin, no aguanté más e intervine:
- ¿Por que la casa no se puede ver por dentro? ¿No es gente de ellos la que está metida ahí?
- Este... Sí, pero bueno, parece que tuavía no les dijieron que se tienen que ir diaí... ¿vite?
- No sé, Gordo, y si les dan la plata y desaparecen, ¿Qué hacemos?
- Claro, Bicho - interrumpió la mujer de él - Si el tipo desaparece con la plata la vamos a tener que poner de nuestro bolsillo, mi amor.
Y como sé que **C** es una persona razonable me callé la boca antes que el Gordo se infartara, después de largarnos así nomás que *L*** y el marido ya les habían dado quince mil pesos de seña.

1 comentarios:
Se pone cada vez mejor!!! No nos dejes en la intriga, Ambar!!!
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