El domingo nos reunimos las dos parejas a la mañana a tomar café en San Telmo. Mi Esposo le pidió a *L*** que hablara por teléfono con ****ián para disuadirlo en sus intenciones de visitar la casa durante el fin de semana. *L***, hizo gala de sus dotes de actriz under en los ochenta, y le reclamó con toda dulzura. Argumentó que ella no había podido combinar con los inquilinos, que no era respetuoso aparecer sin avisar y que ella se encontraba descansando en el campo de su novio en el interior de la provincia. Su primo - mi Esposo - había recorrido doscientos kilómetros la noche anterior para ponerla sobreaviso de todo lo ocurrido durante la tarde del sábado.
****ián parecía no darse por vencido. Nosotros cuatro nos mecíamos en silencio colgados de un hilo de angustia.
Sigilosamente, el marido de *L*** comenzaba a socavar el plan. Llamaba por teléfono al Gordo, reclamándole por qué su mujer debía comunicarse con el financista, no era que se iban a ocupar mi Esposo y el Gordo de todo. El Gordo diligentemente le contaba todo a mi marido y mi marido le respondía por intermedio de éste. El marido de *L*** tenía un espíritu crítico y temeroso y delante de mi Esposo jamás esbozó una queja.
Por otra parte, luego de la entrega de la seña de quince mil pesos al contacto del Gordo, la mudanza se iba dilatando y mi Esposo y yo observábamos atónitos cómo se les decía a *L*** y su marido que este fin de semana no, que el otro miércoles sí, pero después cancelaban la operación.
Mi Esposo había resuelto no inmiscuirse en esta gestión a todas vistas capciosa, y toda vez que el marido de *L*** le comentaba alguna peripecia se encargaba de desvincularse drásticamente de esta actividad, diciendo la verdad: que no conocía a estas personas, ya que era el Gordo quien se los había presentado.
Lamentablemente, en mis cavilaciones personales siempre me permití considerar los motivos por los cuales el plan en general podía fracasar, y todo ese carnaval sin sentido de la compra de la casa sin herederos me resultó muy difícil de tragar desde el primer momento.
****ián parecía no darse por vencido. Nosotros cuatro nos mecíamos en silencio colgados de un hilo de angustia.
Sigilosamente, el marido de *L*** comenzaba a socavar el plan. Llamaba por teléfono al Gordo, reclamándole por qué su mujer debía comunicarse con el financista, no era que se iban a ocupar mi Esposo y el Gordo de todo. El Gordo diligentemente le contaba todo a mi marido y mi marido le respondía por intermedio de éste. El marido de *L*** tenía un espíritu crítico y temeroso y delante de mi Esposo jamás esbozó una queja.
Por otra parte, luego de la entrega de la seña de quince mil pesos al contacto del Gordo, la mudanza se iba dilatando y mi Esposo y yo observábamos atónitos cómo se les decía a *L*** y su marido que este fin de semana no, que el otro miércoles sí, pero después cancelaban la operación.
Mi Esposo había resuelto no inmiscuirse en esta gestión a todas vistas capciosa, y toda vez que el marido de *L*** le comentaba alguna peripecia se encargaba de desvincularse drásticamente de esta actividad, diciendo la verdad: que no conocía a estas personas, ya que era el Gordo quien se los había presentado.
Lamentablemente, en mis cavilaciones personales siempre me permití considerar los motivos por los cuales el plan en general podía fracasar, y todo ese carnaval sin sentido de la compra de la casa sin herederos me resultó muy difícil de tragar desde el primer momento.
- ¿Te das cuenta que si a *L*** no le proporcionan rápidamente una solución puede terminar todo muy mal?
- Sí, pero también mientras estén a la expectativa esto es favorable para nosotros, todavía nadie los cagó. Ellos dieron plata y la mudanza se está retrasando. Ésa es la realidad. Y en el último de los casos, si de veras los estafaron, entonces el Gordo tendrá que resarcirlos económicamente.
- O también pueden pensar que somos una banda de estafadores que la estamos sangrando. Por un lado, ya puso su firma tres veces y su casa en garantía para cinco mil dólares en adelantos, de lo cual se llevó una tercera parte. Y también puso dinero en efectivo para la casa. O sea que a ella se le prometió una suma y en realidad, ella es quien ahora está endeudada.
- Ya sé. No conviene tomar partido en ese tema. La propuesta fue del Gordo y su gente. Nosotros debemos finalizar la gestión con ****ián mañana.
- ¿Nos darán la hipoteca?
- Mañana a la tarde veremos qué pasa y sabremos dónde estamos parados.

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