- Te ofrezco que veas la casa que alquilamos para hacer el negocio.
- Sí, y también necesitaría más documentación, un contrato de locación, algo.
- Ok.
Las horas que siguieron corrí como Speedy González para que no se notara que vivíamos en una parte de la propiedad, descolgando ropa, poniendo cortinas para que no se vea el interior y corriendo muebles.
****ián llegó en su auto del año pasado, impecable, suntuoso y bellísimo. Bue, lo digo, un Vento azul grisáceo hermoso. (Vento*. Vaya nombre para ponerle a un autazo así). Vio la propiedad - la parte que vio se caía a pedazos - y, diligente, llamó a su inversor para persuadirlo. También se llevó un contrato de locación de la misma (firmado por mi mamá como locataria de mi Esposo).
No sabíamos si iba a dar resultado pero ya estábamos en el medio del río y teníamos que llegar al otro lado.
* Vento * En el lunfardo argentino, se le dice vento al dinero.

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